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”Cuando era mía deseaba a otras…
la deseaba a ella, eso es claro,
pero siempre que hacíamos el amor
en algún instante
imaginaba que era otra persona,
una de sus amigas,
la chica nueva del trabajo,
la cantante de moda o que se yo…
En cambio,
ahora que ya no es mía
la veo en todo lugar,
escucho sus gemidos
en cada gemido,
siento sus labios
en cada uno de los labios
que he vuelto a besar.
No existe orgasmo provocado
que no desease con toda mi alma
donárselo a ella,
solo por el placer
de verla sonreír entre los espasmos
de su desnudes.
Desde que no es mía he sentido una extraña culpa muda
la culpa de mi propio silencio
la culpa común
eterna y universal
de todos los amantes
la culpa de jurar amor
sabiendo que el amor no existe”.